LA NOTA DEPORTIVA

Jugar baloncesto para vencer la adversidad

Por: Cindy Espina cespina@elperiodico.com.gt

Cada semana, por unas horas, un grupo de baloncestistas convierte los vestigios de una iglesia antigua en un lugar en el que las personas con discapacidad pueden hacer deporte. Esta es su historia.

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Las sillas de ruedas para practicar baloncesto son fabricadas por los mismos deportistas con el apoyo de la Asociación Transiciones. (foto: Elperiódico > José Miguel Lam

Todos los viernes, a las 14 horas, las ruinas de Candelaria en La Antigua Guatemala se convierten en el escenario en el que Juan Buch y otros 12 hombres hacen posible un sueño. En lo que alguna vez fue el atrio de la iglesia, destruida por una serie de terremotos en el siglo XVIII, una cancha de baloncesto permite a personas en sillas de ruedas practicar ese deporte. Esas tardes, enmarcadas en el paisaje de los vestigios coloniales, sirven para entrenar, desestresarse y ser más independientes. La mayoría de los jugadores son compañeros de trabajo, pero por cuatro horas se convierten en rivales de juego.  

 Juan Buch es uno de los jugadores. Tiene discapacidad física en sus piernas desde la edad de un año y dos meses. Fue uno de los últimos casos de polio en Guatemala, antes de su erradicación en 1990. Ahora, con 32 años, es el capitán de un equipo de baloncesto en silla de ruedas y parte de la selección nacional de ese deporte en competiciones internacionales. Es en esto último que el baloncestista encuentra su mayor reto: lograr el apoyo para que personas con discapacidad puedan desempeñarse deportivamente. 

Juan Buch es el capitán del equipo y empezó su carrera como basquetbolista hace 20 años. (foto: Elperiódico > José Miguel Lam)

Los jugadores que fabrican sus propios implementos

Es la tarde del 12 de noviembre, la época de lluvia ha terminado y, aunque hace frío y corre fuerte el viento, la mayoría usa playeras deportivas sin mangas. Los tres partidos que jugarán ese día les ayudarán a soportar las bajas temperaturas que han caracterizado a los últimos días. Al finalizar el segundo juego, los jugadores registran un marcador de 25-19. Ganó el equipo de Buch. 

Tras el partido es momento de descansar. Unos aprovechan para tomar agua o una gaseosa para hidratarse y reponer energía. Juan decide tomar un poco de tiempo y sacrificar jugar el tercer partido del día, para contar cómo él logró que esos pequeños encuentros semanales junto a sus compañeros de trabajo se convirtieran en la parte principal de su rutina de vida. 

El capitán del equipo está sudado y una bolsa con agua le es suficiente para  beber y aplicarse en el rostro y la cabeza para refrescarse. Es originario de San Andrés Itzapa, Chimaltenango. Decidió involucrarse en ese deporte a los 12  años. “En ese tiempo, cuando los veía jugar, para mí era algo impensable. Yo no tenía conocimiento de que había algún deporte que se podía hacer en silla de ruedas”, relata el deportista. Además, asegura que jugar al baloncesto le ha dado más independencia y habilidades para moverse en las aceras poco amigables para personas con discapacidad de Jocotenango –donde vive. También lo hace en La Antigua Guatemala, pero en esa ciudad es más complicado transitar. Las técnicas del baloncesto le han dado la fuerza para abrazar los postes que interrumpen su paso sobre las banquetas y sortearlos con un movimiento acrobático. 

Buch fue uno de los niños beneficiados por la Asociación Transiciones, una organización sin fines de lucro que brindaba en ese entonces ayuda financiera, sillas de ruedas y transporte a menores de edad para que asistieran a estudiar. 

De esa manera dejó la silla de ruedas hospitalaria que tenía y la cambió por una de uso diario que se podía desarmar y movilizar fácilmente. También tuvo la posibilidad de estudiar, porque la Asociación lo llevaba a la escuela en el otro extremo de su pueblo. 

Sin embargo, Asociación Transiciones ya no pudo seguir con el programa de becas. Pero esto no fue impedimento para seguir. La organización lo invitó a moverse a Jocotenango, Sacatepéquez, para que pudiera continuar con sus estudios y trabajar en la fábrica de sillas de ruedas. El joven aceptó y fue así como conoció el baloncesto, su profesión y a sus amigos. Ahora es el encargado de soldar y moldear las piezas y tornillos que arman una silla de ruedas.

El equipo de la Asociación Transiciones representa el 75 por ciento de la selección nacional de baloncesto sobre silla de ruedas. (foto: Elperiódico > José Miguel Lam)

La Asociación Transiciones fue fundada hace 30 años y desde sus inicios creó un equipo de baloncesto en sillas de ruedas. Fue en ese momento que encontró como principal aliada las canchas ubicadas en las ruinas de Candelaria. Uno de los integrantes más destacados del equipo es Hugo Andrino, quien por mucho tiempo fue el mejor encestador de Guatemala. Él es también el que mostró y enseñó a Juan a jugar. La Asociación también es una fábrica de silla de ruedas y de prótesis. 

En la sede de la organización reparan y construyen completamente una silla para que se adapte a las necesidades de la persona que la utilizará. Eso mismo hacen con las prótesis, cuyo único fabricante es Joel Ajanel, el entrenador del equipo de baloncesto y único que no tiene una discapacidad. Sin embargo, la discapacidad que una bala perdida provocó en su hermano lo llevó a conocer y a trabajar con la Asociación Transiciones. 

Todos los baloncestistas se desempeñan en diferentes áreas de la fábrica; y los viernes, después del almuerzo, tres automóviles los llevan a las ruinas a jugar. Es el trabajo en común y su capacidad para reparar y elaborar sus propias sillas de ruedas lo que les ha permitido mantenerse activos. 

Las sillas de ruedas para practicar baloncesto son diferentes a las de uso diario. Estas tienen las ruedas más inclinadas, el asiento es ajustado y con cinturones que amarran al jugador a la silla, lo cual le permite mantenerse estable. Además, tienen pequeñas ruedas traseras para mantener el equilibrio y un borde semicircular delantero a la altura de sus pies que les sirve como defensa. 

El diseño y la estructura de la silla hace que los jugadores se desplacen con más velocidad y eficacia. También permite que los constantes choques, en las técnicas de defensa y ataque, no les hagan perder el equilibrio y caer, aunque eso es inevitable. La pasión que despierta el juego hace que en ocasiones alguien caiga al piso de cemento de la cancha. El viernes 12 dos jugadores cayeron, pero en ese pequeño instante todos se convirtieron en un mismo equipo para ayudar al compañero a levantarse.  

Aunque los partidos de mediados de noviembre eran para desestresarse, también buscaban mejorar su técnica y condición física. Buch cuenta que el 3 de diciembre tendrán un encuentro deportivo con otros equipos de Centroamérica, como parte de las actividades del Día Internacional de las Personas con Discapacidad que se conmemora esa fecha.

El hombre a la derecha es Hugo Andrino, quien es uno de los mayores encestadores de Guatemala. El de la izquierda es Joel Ajanel, el entrenador del equipo y el único que no tiene discapacidad física. (foto: Elperiódico > José Miguel Lam)

Las limitantes 

El encuentro con equipos centroamericanos también pone de manifiesto los retos que tienen para desempeñar un deporte. Buch agradece que durante décadas las canchas de las ruinas de Candelaria han sido el espacio para que ellos puedan realizar ese deporte –el único, dicho sea de paso. Sin embargo, las cestas no tienen la altura reglamentaria porque se encuentran entre seis y 11 centímetros más bajas. En partidos en canchas debidamente reglamentadas los integrantes del equipo tienen que hacer un mayor esfuerzo para encestar, porque la fuerza de su tiro está acostumbrado a las canastas de las ruinas. 

 “Hemos pedido a la CDAG (Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala) que nos preste la cancha de basquetbol de La Antigua Guatemala. Sin embargo, nos han dicho que debemos pedir un permiso con cuatro meses de anticipación, llevar una carta a las oficinas centrales en la Ciudad de Guatemala. En fin, una serie de requisitos que, debido a nuestra discapacidad, se nos complican”. 

El 75 por ciento de los jugadores de esa tarde pertenece a la selección nacional de baloncesto sobre silla de ruedas, la cual tuvo como mayor logro haber participado en 2011 en los Juego Paralímpicos de Guadalajara, México. En la clasificación obtuvieron el segundo lugar, pero ya en la competencia terminaron en el penúltimo puesto.   

Según Juan Buch, era imposible conseguir buenos resultados frente a equipos como el de Canadá, México, Estados Unidos o Brasil. Los seleccionados de esos países sí reciben un sueldo para dedicarse a ese deporte, mientras ellos tienen que trabajar por su parte para poder seguir jugando baloncesto y tener ingresos mensuales. 

Las sillas de ruedas para practicar baloncesto tienen una estructura diferente que ayuda a los deportistas a mantener el equilibrio y a protegerse de los constantes choques que se dan durante el juego. (foto: Elperiódico > José Miguel Lam)

Continuar en las competiciones internacionales es una constante lucha, tanto para la selección de hombres como la de mujeres. En 2018, la selección femenina de baloncesto sobre silla de ruedas ganó el primer lugar en los juegos paracentroamericanos en Managua, Nicaragua. A pesar de estos resultados, el Comité Paralímpico de Guatemala no cuenta con un presupuesto fijo asignado por el Congreso de la República. 

Alexander Gálvez, director de la Asociación Transiciones, cuenta que entre los planes para 2022 se encuentra la construcción de una cancha reglamentaria de baloncesto. Eso permitirá que los jugadores puedan adaptar sus técnicas y habilidades de forma correcta. Pero lo que quieren lograr es que el entrenamiento sea más constante, para poder subir de nivel y salir de Guatemala a competir. 

“Es increíble cómo cambia la persona cuando practica un deporte, cómo logra ser más independiente y romper barreras. La dignidad de la persona cambia, porque el entorno lo hace sentir que se vea como menos, pero con el deporte esa forma de verse así mismo cambia porque sabe que lo puede hacer y gestionar sus propias acciones”. De esta forma, Gálvez explica lo que provoca, en una persona con discapacidad, el realizar un deporte. Él mismo es uno de los veteranos que acompaña a los más jóvenes todas las tardes de los viernes a las ruinas de Candelaria. Él mismo ha experimentado ese cambio que describe. 

Es debido a este panorama que el baloncesto sobre silla de ruedas enfrenta grandes retos y problemas. Tanto el director de la Asociación Transiciones, como el baloncestista, Juan Buch, coinciden que, sin el apoyo de las instituciones públicas del deporte, es imposible que exista pronto un relevo generacional. Los más jóvenes no ven con mucho entusiasmo hacer deporte por lo difícil que es encontrar espacios para entrenar y el alto costo que tienen que pagar para hacerlo.  

Gálvez cree que este reto será complicado de superar, porque las autoridades y la sociedad en general no ven como “una inversión real” el generar espacios seguros, no solo para que las personas con discapacidad puedan transitar, sino para que puedan desempeñarse en el deporte. 

1.6 millones de personas con discapacidad hay en Guatemala, según datos de 2016. En consecuencia, una de cada tres familias en el país está integrada por al menos una persona con discapacidad.

FUENTE: EL PERIÓDICO

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