LA NOTA DE MUNDO

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El primer paso es aumentar el número de visas H-2 para trabajadores huéspedes de origen centroamericano

🅤nos 8 mil solicitantes hondureños de asilo intentaron organizar una especie de fiesta de bienvenida para el presidente Joe Biden este mes. Su esfuerzo por llegar a la frontera sur de Estados Unidos, en al menos dos caravanas, fue repelido por los acuerdos que el presidente Trump hizo con México y Guatemala para usar la fuerza para interceptar a extranjeros ilegales. Pero, Centroamérica sigue siendo un caldero hirviendo de posibles inmigrantes desesperados por trabajar en Estados Unidos.

Biden, ahora tiene que idear su propia estrategia. Más recursos en la frontera para procesar a los solicitantes podría ayudar. Pero sin nuevos incentivos para que los migrantes sigan la ley, Estados Unidos seguirá dependiendo en gran medida de la militarización de la política de inmigración en Guatemala y México para contener los inevitables flujos de inmigrantes ilegales.

Los hondureños parecen haber concluido lógicamente que con los demócratas en el poder nuevamente, las restricciones al asilo de la era Trump seguramente se levantarían. Sin embargo, el 17 de enero, NBC News informó que un alto funcionario de transición de Biden dijo que su mensaje a los migrantes era que este “no es el momento de hacer viaje”. Ese mismo funcionario también dijo que “deben entender que no podrán ingresar a Estados Unidos de inmediato”.

Las lindas palabras de advertencia no hicieron nada para desanimar a los migrantes que habían partido el 15 de enero. Para el 18 de enero, se involucraron en violentos enfrentamientos con la Guardia Nacional y la Policía Nacional de Guatemala. Madres llorando se sentaron en el suelo sosteniendo a sus hijos mientras los jóvenes bloqueaban las carreteras, tiraban piedras y trataban de abrirse paso entre la policía.

Los informes del frente fronterizo dicen que miles de personas fueron devueltas. Sin embargo, mis fuentes aseguran que el resto se ha dividido en grupos más pequeños que continúan moviéndose hacia el norte. La Casa Blanca señaló durante el fin de semana que, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador —conocido como AMLO— acordó seguir trabajando para “frenar el flujo” de inmigrantes ilegales de Centroamérica en México.

Si llegan a la frontera de los Estados Unidos, la administración Biden advirtió que la prioridad de procesamiento será para aquellos que ya están esperando en la lista de asilo.

Cuando los estadounidenses recuerdan el caos de la frontera sur durante los años de Trump, es posible que les venga la memoria también las separaciones familiares, que resultaron de la decisión de abril de 2018, por parte del fiscal general de los Estados Unidos, Jeff Sessions, quien ordenó arrestar a cualquier adulto que cruzara la frontera ilegalmente. Las separaciones familiares también ocurrieron en 2017, pero la política de “tolerancia cero” del Sessions agravó la situación.

Sin embargo, la política de separación familiar, que duró menos de tres meses, no redujo los flujos migratorios. Las cifras comenzaron a retroceder en 2019 cuando Trump recibió asistencia de AMLO y de los presidentes guatemaltecos Jimmy Morales y Alejandro Giammattei.

Ambos gobiernos se comprometieron a ayudar a Estados Unidos a disuadir a los caminantes. La administración Trump dictaminó que los migrantes tenían que solicitar asilo en el primer país extranjero al que ingresaron en su camino hacia el norte.

AMLO acordó además una innovación del Departamento de Seguridad Nacional, conocida como los Protocolos de Protección al Migrante. Los solicitantes de asilo debían “permanecer en México” mientras esperaban la tramitación de sus solicitudes.

Las restricciones por el covid-19 implementadas el año pasado en la frontera de EE. UU. Permanecen, lo que permite la expulsión inmediata de los que cruzan ilegalmente. Pero la semana pasada, Biden firmó una orden ejecutiva para poner fin a los protocolos de permanencia en México, tal como lo prometió durante su campaña. La señal enviada es de una política más liberal hacia los migrantes cansados ​​e indigentes que solicitan asilo.

Esta no es una buena solución incluso si las intenciones de Biden son realmente nobles. Recordemos que el presidente Obama también enfrentó el caos causado por los solicitantes de asilo en 2014, lo que llevó a la construcción de “corrales” para detener a los migrantes en grupos: madres con niños, adolescentes, etc. Esos corrales fueron posteriormente denominados “jaulas” cuando la administración Trump los utilizó para mantener a los niños separados de sus tutores bajo el lema de “tolerancia cero”.

Biden, busca un enfoque de inmigración un poco más humano que cualquiera de sus predecesores. Sin embargo, evitó el caos fronterizo este mes solo porque México y Guatemala hicieron el trabajo sucio. A menos que planee confiar en esas tácticas a largo plazo, necesita un plan para lidiar, de manera ordenada, con la gran cantidad de centroamericanos que huyen de la violencia y la pobreza en busca de una vida mejor.

La única respuesta a este dilema es abrir más vías legales. Alex Nowrasteh, analista de inmigración del Cato Institute, recomienda un aumento en la cantidad de visas H-2 para trabajadores invitados centroamericanos, ya que muchos solicitantes de asilo son en realidad migrantes en busca de trabajo. Cuando se aplicó esta táctica para México, señaló Nowrasteh en julio de 2019, hubo una caída correspondiente en la inmigración ilegal.

Una mayor oportunidad de trabajar legalmente rompería el círculo vicioso detrás del caos y calmaría los temores que surgen de lo que parece una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Como me dijo Nowrasteh la semana pasada, “Solo se puede abrir si existe la confianza pública de que las cosas están bajo control. Pero solo puedes controlar las cosas abriendo el paso”.

Es su momento, Sr. Biden.

Biden y América Latina: del cambio climático a Venezuela, la nueva agenda de EE.UU. para la región


En la década pasada, algunos presidentes latinoamericanos comentaban por lo bajo que tenían un interlocutor clave en Washington para tratar asuntos importantes: el entonces vicepresidente estadounidense, Joe Biden.

POR BBC NEWS MUNDO   

De hecho, mientras ocupó ese cargo entre 2009 y 2017, Biden viajó 16 veces a la región en nombre del gobierno de Barack Obama.

Y ahora que Biden es el presidente de Estados Unidos, asoma una nueva etapa en su vínculo con Latinoamérica, en base a su experiencia en la región y sus diferencias con su antecesor, Donald Trump, quien tuvo como asunto excluyente en la agenda el freno de la inmigración desde el sur.

“Se elevarán temas olvidados en los últimos cuatro años. Uno es el cambio climático, una prioridad para el presidente Biden que será importante en el hemisferio occidental. Otro tema será la promoción de la democracia, los derechos humanos y el respeto por el Estado de derecho”, dice Mark Feierstein, quien dirigió los asuntos regionales en la Casa Blanca de Obama y es próximo al círculo Biden, a BBC Mundo.

Sin embargo, esta nueva agenda con América Latina puede volverse un examen especial para el flamante presidente en su objetivo de recuperar el liderazgo global de EE.UU.

El fin y los medios

América Latina está lejos de ser la prioridad de Biden en un mundo que le presenta grandes desafíos, pero la estabilidad continental es de gran interés para EE.UU.

La región pasa hoy por dos colosales crisis simultáneas: la pandemia de coronavirus, que ya mató a más de medio millón de latinoamericanos, y el peor colapso económico en un siglo, debido a la emergencia sanitaria.

Este panorama puede ser caldo de cultivo para el surgimiento de líderes populistas y nuevas protestas callejeras que aumenten la inestabilidad en el subcontinente.

Guatemala
Las crisis que atraviesa América Latina pueden desatar nuevas protestas en algunos países.

En este contexto, algunos anticipan que el gobierno de Biden asumirá en la región una actitud más activa que el de Trump.

“Si eres un líder hemisférico involucrado en corrupción, socavando la democracia de tu propio país, te llamarán por eso. Y ese es un cambio positivo”, señala Feierstein, quien ahora trabaja en el sector privado como analista de las relaciones entre Washington y América Latina.

Pero, ¿tiene credibilidad EE.UU. para sermonear a otros países sobre democracia después de su grave crisis política, que este mes incluyó una invasión mortal al Capitolio por seguidores de Trump?

Feierstein descarta que el objetivo sea dar clases sobre el tema, pero sostiene que “las personas que luchan por la democracia en todo el mundo deben apoyarse mutuamente y EE.UU. debe ser parte de ese esfuerzo”.

Al mismo tiempo, prevé que en países como Venezuela y Cuba el gobierno de Biden haga “un uso más apropiado de las sanciones, entendiendo que son un medio para un fin”.

Respecto a Cuba, estima que Washington revisará la reciente decisión del gobierno de Trump de colocar a la isla en la lista de países patrocinadores de terrorismo, así como las restricciones impuestas a los viajes y remesas a la isla.

Y en Venezuela, Feierstein asume que se mantendrán sanciones a individuos por corrupción y abusos de derechos humanos, pero “podrían revisar las sanciones económicas para asegurar que avanzan al objetivo de una transición democrática, en vez de sólo imponer dolor al pueblo”.

Maduro y Guaidó
Nicolás Maduro dijo estar dispuesto a reconstruir la relación de Venezuela y Estados Unidos. Juan Guaidó confió en que se sostendrá la “alianza” entre su movimiento y EE.UU.

“Es importante presionar al régimen. Pero también es necesario que haya incentivos. Y potencialmente podría haber apoyo a algún tipo de esfuerzo para juntar a las partes en Venezuela y tratar de llegar a algún acuerdo sobre cómo celebrar elecciones libres y justas”, dice.

Antony Blinken, nominado por Biden como secretario de Estado, dijo el martes que EE.UU. seguirá reconociendo al líder opositor venezolano Juan Guaidó como presidente interino de su país en lugar de Nicolás Maduro, a quien calificó de “dictador brutal”.

Durante una audiencia en el Senado para ser confirmado en el cargo, Blinken indicó además que ve margen para una mayor coordinación con otras naciones de ideas afines a Washington, en busca de “elecciones libres y justas” en Venezuela.

Posibles roces

Los gobiernos de América Latina en general han expresado esperanzas de que el cambio de inquilino en la Casa Blanca permita mejorar sus relaciones con EE.UU.

La expectativa es que aumente la cooperación en áreas diversas, desde la lucha contra el coronavirus hasta la economía.

Sin embargo, también se avizoran posibles discrepancias o tensiones bilaterales en algunos casos.

Trump y Bolsonaro
El brasileño Jair Bolsonaro es uno de los presidentes latinoamericanos que tuvo mejores relaciones con Trump.

“Los países latinoamericanos quieren cosas diferentes de EE.UU., entonces no espero que haya una relación general de América Latina con EE.UU. sino más bien relaciones de diferentes países con EE.UU“., dice Pamela Starr, una profesora de relaciones internacionales en la Universidad de Southern California, a BBC Mundo.

Por ejemplo, la intención de Biden de colocar sobre el tapete el problema del cambio climático puede ser aplaudida por algunos gobiernos en la región pero también rozar algún nervio sensible.

Antes de las elecciones en EE.UU., el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, rechazó como “amenazas cobardes” una idea de Biden de ofrecer a Brasil un fondo de US$20.000 millones para que detenga la deforestación amazónica o enfrente “consecuencias económicas”.

Tanto Bolsonaro como su par de México, Andrés Manuel López Obrador, desarrollaron buenas relaciones con Trump y demoraron en reconocer el triunfo de Biden en noviembre.

Según Starr, ambos temen que la nueva agenda de Biden suponga una mayor injerencia en asuntos de sus países, aunque no haya certeza de que eso ocurrirá.

No obstante, los líderes de las dos mayores economías latinoamericanas expresaron voluntad de trabajar con Biden tras su asunción: Bolsonaro lo hizo en una carta al presidente entrante y AMLO en una conversación telefónica con Biden el viernes.

Joe Biden y López Obrador en 2012
Biden y AMLO se encontraron en 2012 y ahora mantuvieron una primera charla telefónica como presidentes.

En esta charla, ambos hablaron de la necesidad de responder al fenómeno migratorio abordando sus causas y promoviendo el desarrollo en los países de origen, según notas oficiales de EE.UU. y México.

Eso ya marcó un cambio significativo respecto al énfasis de Trump de cortar el flujo migratorio hacia el norte con mano dura y políticas calificadas como “draconianas” por la nueva Casa Blanca en su comunicado del sábado.

Durante su campaña, Biden prometió destinar US$4.000 millones a América Central, como parte de una estrategia para mejorar las condiciones de vida en la región y reducir los incentivos para emigrar a EE.UU.

Se prevé que este paquete exija como contrapartida más controles contra la corrupción en los países del Triángulo del Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), lo cual también puede generar roces con Washington.

De hecho, durante el gobierno de Trump, Guatemala y Honduras clausuraron mecanismos internacionales creados para combatir la corrupción y la impunidad en sus territorios.

En una América Latina donde crece la presencia de China y donde Trump practicó apenas una diplomacia personal y de intercambio de favores, “el mayor desafío (de Biden) es reconstruir las bases institucionales de la relación” con EE.UU., define Starr.

La Cumbre de las Américas prevista para este año, con EE.UU. como anfitrión, podría ser una prueba temprana del éxito o los escollos de esta nueva agenda.

REPÚBLICA GT/WALL STREET JOURNAL/GUATEVISION/BBC

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