LA NOTA DEPORTIVA

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Sufriรณ un paro cardiorrespiratorio en la casa de Tigre en la que se habรญa instalado tras su operaciรณn en la cabeza.

Diego Armando Maradona.

Mariano Verrina

๐Ÿ…จ un dรญa ocurriรณ. Un dรญa lo inevitable sucediรณ. Es un cachetazo emocional y nacional. Un golpe que retumba en todas las latitudes. Un impacto mundial. Una noticia que marca una bisagra en la historia. La sentencia que varias veces se escribiรณ pero habรญa sido gambeteada por el destino ahora es parte de la triste realidad:ย muriรณ Diego Armando Maradona.

Villa Fiorito fue el punto de partida. Y desde allรญ, desde ese rincรณn postergado de la zona sur del Conurbano bonaerense se explican muchos de los condimentos que tuvo el combo con el que conviviรณ Maradona. Una vida televisada desde aquel primer mensaje a cรกmara en un potrero en el que un nene decรญa soรฑar con jugar en la Selecciรณn. Un salto al vacรญo sin paracaรญdas. Una montaรฑa rusa constante con subidas empinadas y caรญdas abruptas.

Nadie le dio a Diego las reglas del juego. Nadie le dio a su entorno (un concepto tan naturalizado como abstracto y cambiante a la lo largo de su vida) el manual de instrucciones. Nadie tuvo el joystick para poder manejar los destinos de un hombre que con los mismos pies que pisaba el barro alcanzรณ a tocar el cielo.

Quizรก su mayor coherencia haya sido la de ser autรฉntico en sus contradicciones. La de no dejar de ser Maradona ni cuando ni siquiera รฉl podรญa aguantarse. La de abrir su vida de par en par y en esa caja de sorpresas ir desnudando gran parte de la idiosincrasia argentina. Maradona es los dos espejos: aquel en el que resulta placentero mirarnos y el otro, el que nos avergรผenza.

A diferencia del comรบn de los mortales, Diego nunca pudo ocultar ninguno de los espejos.

Es el Cebollita que solo tenรญa un pantalรณn de corderoy y es el hombre de las camisas brillantes y la colecciรณn de relojes lujosos. Es el que le hace cuatro goles a un arquero que intenta desafiarlo y al mismo tiempo el entrenador que intenta chicanear a los alemanes y termina humillado. Es el que se va baรฑado de gloria del estadio Azteca y el que sale de la mano de una enfermera en Estados Unidos. Es el que arenga, el que agita, el que levanta, el que motiva. El que tomaba un aviรณn desde cualquier punto del mundo para venir a jugar con la camiseta de la Selecciรณn. El del mechรณn rubio y el que estaciona el camiรณn Scania en un country. Es el gordo que pasa el tiempo jugando al golf en Cuba y el flaco de La Noche del Diez. El que vuelve de la muerte en Punta del Este. Es el novio de Claudia y es tambiรฉn el hombre acusado de violencia de gรฉnero. Es el adicto en constante lucha. El que canta un tango y baila cumbia. El que se planta ante la FIFA o le dice al Papa que venda el oro del Vaticano. El que fue reconociendo hijos como quien trata de emparchar agujeros de su vida. Un icono del neoliberalismo noventoso y el que se subiรณ a un tren para ponerse cara a cara contra Bush y ser bandera del progresismo latinoamericano. Es cada tatuaje que tiene en su piel, el Che, Dalma, Gianinna, Fidel, Benjaโ€ฆ Es el hombre que abraza a la Copa del Mundo, el que putea cuando los italianos insultan nuestro himno y el que le saca una sonrisa a los hรฉroes de Malvinas con un partido digno de una ficciรณn, una pieza de literatura, una obra de arte.

Porque si hubiera que elegir un solo partido serรญa ese. Porque no existiรณ ni existirรก un tramo de la vida mรกs maradoneano que esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses. El mejor resumen de su vida, de su estilo, de lo que fue capaz de crear. Pintรณ su obra cumbre en el mejor marco posible. Le dijo al mundo quiรฉn es Diego Armando Maradona. El tramposo y el mรกgico, el que es capaz de engaรฑar a todos y sacar una mano pรญcara y el que enseguida se supera con la partitura de todos los tiempos.

Barrilete cรณsmico. Y la pelota no se mancha. Y las piernas cortadas. Y que la sigan chupando. Y la tortuga que se escapa. Y el jarrรณn en el departamento de Caballito, el rifle de aire comprimido contra la prensa, la Ferrari negra que descartรณ porque no tenรญa estรฉreo, la mafia napolitana y toda una ciudad que elige vivir en pausa, rendida a su Dios. Es el de las canciones, el los documentales a carne viva y las biografรญas siempre desactualizadas. El que levanta el telรฉfono y llama cuando menos lo esperรกs y mรกs lo necesitรกs. El que jugรณ partidos a beneficio sin que nadie se enterara. El que pasa del amor al odio con Cyterszpiler, con Coppola o con Morla. El que siempre vuelve a sus orรญgenes y le presta mรกs atenciรณn a los que menos tienen.

Es el abuelo baboso y el papรก inabordable.

Es antes que todo y por sobre todas las cosas el hijo de Doรฑa Tota y de Don Diego.

Y Maradona es en presente pese a que de los que mueren haya que escribir en pasado. Es el que en Dubai se codeaba con jeques y contratos millonarios y el que en Culiacรกn y con 40 grados a la sombra pedรญa un guiso a domicilio. El que internaron en un neuropsiquiรกtrico. El que pudo dejar la cocaรญna. El que hizo jueguitos en Harvard. Es el que como entrenador de Gimnasia viviรณ un postergado homenaje del fรบtbol argentino. Aquel que habรญa dirigido a Racing y a Mandiyรบ no era este รบltimo Diego de las rodillas chuecas, las palabras estiradas y las emociones brotando sin filtro.

Es tambiรฉn Maradona el hombre que se fue apagando. Se resquebrajรณ su cuerpo y empezรณ a sacar a la luz tantos aรฑos de castigo fรญsico, de desbordes, de excesos, de patadas, de infiltraciones, de viajes, de adicciones, de subibajas con su peso, de andar por los extremos sin red de contenciรณn.

Y el alma se fue apagando al compรกs del cuerpo. En el รบltimo tiempo ya no querรญa ser Maradona y ya no podรญa ser un hombre normal. Ya nada lo motivaba. Ya no servรญa el paliativo de los antidepresivos ni las pastillas para dormir. Y la combinaciรณn con alcohol aceleraba la cinta. Cada vez menos cosas encendรญan su motor: ni el dinero, ni la fama, ni el trabajo, ni los amigos, ni la familia, ni las mujeres, ni el fรบtbol. Perdiรณ su propio joystick. Y perdiรณ el juego.

Lo llora Fiorito, escenografรญa inicial de esta historia de pelรญcula y pieza fundacional para comprender al personaje. Lo lloran los Cebollitas donde se animรณ a soรฑar en grande. Lo llora Argentinos Juniors donde no solo es nombre del estadio sino el mejor ejemplar de un molde que genera orgullo. Lo llora Boca y toda la pasiรณn que uniรณ a un vรญnculo que fue mutando pero conservรณ el amor genuino. Lo llora Nรกpoles, su altar maravilloso en el que con una pelota cambiรณ la vida de una ciudad para siempre. Lo lloran tambiรฉn Sevilla, Barcelona y Newellโ€™s, que infla el pecho por haberlo cobijado. Lo llora la Selecciรณn porque nadie defendiรณ los colores celeste y blanco como รฉl.

Lo llora el paรญs entero y el mundo.

Entre tantas cosas que hizo en su vida, Maradona hizo una particularmente exรณtica: se entrevistรณ a sรญ mismo. El Diego de saco le preguntรณ al de remera de quรฉ se arrepentรญa. โ€œDe no haber disfrutado del crecimiento de las nenas, de haber faltado a fiestas de las nenasโ€ฆ Me arrepiento de haber hecho sufrir a mi vieja, mi viejo, mis hermanos, a los que me quieren. No haber podido dar el 100 por ciento en el fรบtbol porque yo con la cocaรญna daba ventajas. Yo no saquรฉ ventaja, yo di ventajaโ€, se contestรณ en una sesiรณn de terapia con 40 puntos de rating.

En ese mismo montaje realizado en 2005 en su programa โ€œLa noche del Diezโ€, el Diego de traje le propuso al de remera que deje unas palabras para cuando a Diego le llegue el dรญa de su muerte. โ€œUhh, ยฟquรฉ le dirรญa?โ€, piensa. Y define: โ€œGracias por haber jugado al fรบtbol, gracias por haber jugado al fรบtbol, porque es el deporte que me dio mรกs alegrรญa, mรกs libertad, es como tocar el cielo con las manos. Gracias a la pelota. Sรญ, pondrรญa una lรกpida que diga: gracias a la pelotaโ€.

CLARรN

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