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LA NOTA CHAPINA: Maritza Ramos, la maestra guatemalteca que sin entender el idioma de migrantes detenidos decidió refugiarlos en su hogar

Maritza Ramos es una maestra de 47 años que ayuda a personas en situaciones precarias y migrantes.

Maritza Ramos, la maestra que ayuda a niños, adolescentes y mujeres. (Foto Prensa Libre: Dadiana Cabrera)Maritza Ramos, la maestra que ayuda a niños, adolescentes y mujeres. (Foto Prensa Libre: Dadiana Cabrera)

El sueño quedó frustrado para ellos. 125 migrantes de Haití, Angola y Brasil, que se dirigían a Estados Unidos, fueron retenidos en la zona 5 por autoridades guatemaltecas. A pesar de no entender el idioma español, Maritza Ramos, una maestra de 47 años, no dudó en tender una mano a algunos de ellos.

Todo comenzó con gritos que alertaron a varios vecinos, entre ellos había tres niños que desde su ventana decidieron grabar lo que pasaba. Eran las 7 horas del 10 de junio de 2019.

Los pequeños eran hijos de Maritza, quienes no dudaron en enviar el video a su madre para que ella supiera cómo reaccionar ante dicho evento.

Migrantes detenidos en zona 5 son obligados a estar en albergue. (Foto Prensa Libre: Esbin García)

Ramos, al regresar a su hogar y ver lo sucedido se dirigió a los migrantes. Intentó hablarles para ofrecer ayuda, pero no tuvo éxito. Ellos no entendían el idioma español. Sin saber ni un poco del idioma oficial de Haití (francés), ni Angola y Brasil (portugués), les ofreció pasar a su casa.

“Yo movía la mano para que ellos entraran e intentaran explicarme lo que les pasaba”, contó Ramos. Minutos más tarde decidió llamar a su guía espiritual, un sacerdote africano, que se encargó de traducir los audios que Maritza enviaba por WhatsApp y así poder comunicarse con los afectados.

La idea de la altruista era abrir las puertas de su hogar para que los migrantes detenidos tuvieran un techo para afrontar la situación, a pesar de que desconocía al grupo de personas.

¿Qué la motivó? Maritza asegura que esto es algo usual y correcto ya que “desde que tiene memoria” ayuda a cualquiera que lo necesite. Además, una experiencia dolorosa la llevó a recibir ayuda de buenos corazones.

Maritza Ramos es el nombre de la guatemalteca que albergó a 22 personas en su hogar. (Foto Prensa Libre: Esbin García)

“Mi padre murió cuando yo tenía 5 años, durante el conflicto armado interno. Sufrí mucho, pero desde entonces he tenido a gente que me ayuda y está para mí. Ahora yo hago lo mismo, todos somos humanos y tenemos derecho a una buena vida”, fueron sus palabras al explicar el motivo de su acción.

Hasta ahora miles de migrantes se han visto afectados a lo largo de sus viajes. Muchos de ellos aseguran que no existe trato humanitario en los albergues y que, además, existe brutalidad de la Policía Nacional Civil (PNC) al lidiar con ellos.

El lunes 10 de junio por la noche aún permanecían en el albergue unos 70 migrantes, mientras que otros grupos ya habían sido obligados a abordar buses que los llevarían de regreso a la frontera con Honduras.

Entre ellos se encontraban 12 niños y diez adultos que lograron entrar y recibir la cálida bienvenida de Ramos y su familia. Además, también estaba un pequeño que, según la guatemalteca solidaria, tocía y poco a poco empeoraba por neumonía. “Esa imagen me impactó, decidí agarrar al niño y entrarlo a mi casa”, declaró.

Todos los menores se encontraban en malas condiciones. Diarrea, vómitos, dolor de estómago, eran solo algunos de los síntomas que presentaban. Por otro lado, las seis mujeres que se encontraban en aquel hogar lloraban desconsoladas intentando contar cómo había sido su viaje desde Panamá.

Cinco de las mujeres albergadas en la casa de Ramos contaban la historia de su trayecto desde Panamá. (Foto Prensa Libre: Dadiana Cabrera)

La situación motivó a Maritza a trabajar por ellos por más de 20 horas y casi sin descanso. Preparó comida, limpió el baño, preparó colchones en el garaje y la sala, para poder atender a 22 migrantes.

A pesar de que los migrantes repetían frases como “Guatemala, malo”, ella les decía “Guatemala, no malo; gente buena”. Luego de recibir la ayuda, Martiza aseguró que ellos entendieron que la gente guatemalteca es linda y solidaria.

Despertar de buenas acciones

La comida, la ropa, y el agua, no han sido problema para ayudar a los migrantes detenidos. Maritza Ramos pertenece a una comunidad católica y junto con su iglesia y varios vecinos han podido satisfacer las necesidades de cada uno de los hospedados.

“Mi casa está abierta y Dios proveerá”, fueron las palabras que repitió Ramos al preguntar el futuro de las personas. Se desconoce el tiempo que pasarán en Guatemala, ya que por ahora no se han presentado autoridades que obliguen a desalojar a los migrantes.

Por otro lado, una de las señoras del sector (en la zona 5) también decidió albergar a otros 13 niños para, según las samaritanas, evitar que fueran enviados a algún albergue en donde pudieran tratarlos mal.

Una de las vecinas del sector albergó otros 13 niños. (Foto Prensa Libre: Esbin García)

Ramos lleva un año y cinco meses de vivir en zona 5. Desde los 3 meses de alquilar en el sector le ha brindado ayuda a quien lo necesita, incluso con techo, comida y apoyo.

Los migrantes repetían “Guatemala malo” y ella contestaba “Guatemala no malo, gente buena”. Ellos entendieron que la gente es linda y solidaria, y luego de intentar comunicarse un poco más, dijeron que notaban que el verdadero problema era migración.

¿Quién es la mujer de gran corazón?

Maritza Ramos de Alegría es una señora que tiene como su misión de vida ayudar a cualquier persona que pueda. Tiene tres hijos, su esposo y su madre, quienes viven junto a ella en su casa.

Debido a su amor por los niños ella decidió estudiar magisterio y desde entonces le ha encantado darles otra oportunidad a las personas.

Lleva 23 años siendo directora del Instituto Nacional de Educación Básica en zona 5, en donde ha conocido de cerca la situación de adolescentes con problemas de drogadicción y alcoholismo, sin embargo, ha sabido guiarlos para que se rehabiliten.

“Me dicen que los expulse, pero yo digo que todos somos humanos y tenemos derecho a una segunda oportunidad”. Además de amor y confianza, Ramos ha apoyado con terapias psicológicas a todos los menores que lo requieren.

Para Maritza brindar ayuda a niños, adolescentes y mujeres en situaciones desgarradoras no ha sido una barrera sino una motivación. “Yo seguiré ayudando hasta que Dios me lo permita”, concluye la guatemalteca.

Desde niños hasta mujeres, Maritza Ramos es la altruista que tiende la mano para ayudar. (Foto Prensa Libre: Esbin García)

PRENSA LIBRE                                                                                                                                    

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