LA NOTA CHAPINA

LA NOTA CHAPINA: El narco (piloto) y los tres presidentes

El testimonio de Guillermo Lozano Bauer relata la cercanía del narco con el poder político en Centroamérica. Frente a un juez en Estados Unidos recordó cómo transportó drogas y dinero para capos como el Compa, Los Valle, Los Cachiros y Los Lorenzana; y cómo se convirtió en el piloto del presidente Otto Pérez y de los mandatarios Manuel Zelaya  y Porfirio Lobo en Honduras.

Guilermo Lozano permanece libre en Estados Unidos, declarando en contra de varios narcotraficantes en lo que se resuelve su solicitud de asilo.Por: Investigación investigacion@elperiodico.com.gt

“Tu vida corre peligro. Te quieren matar, sospechan que colaboras con nosotros porque estás volando para el presidente Otto Pérez Molina… tienes que irte”, le dijo un agente de la DEA (Agencia Antidrogas de Estados Unidos, por sus siglas en inglés).

Ese día de enero de 2013, la vida de Guillermo Lozano tuvo un giro que lo obligó a huir de Guatemala.

Toda la historia que se narra a continuación es el fruto de los recuerdos que vinieron a su memoria frente al juez

Michael Moore, de la Corte del Distrito Sur de la Florida, el 8 de enero pasado. Habló de sus vínculos con tres presidentes de Centroamérica y con el narcotráfico, específicamente, con aquel hombre a quien recuerda por portar una pistola FN Herstal Five-SeveN –conocida como la “mata policías”, capaz de penetrar los cascos y chalecos blindados con su munición calibre 5.7x28mm– para quien trabajó por tres años.

En su relato explica cómo se inició en el narcotráfico y ayudó a varios capos hondureños y guatemaltecos a transportar más de 6 mil kilos de cocaína hacia Estados Unidos.

Cuando el agente de la DEA le hizo aquella advertencia, Lozano era el piloto aviador del presidente Otto Pérez Molina y de la vicepresidenta Roxana Baldetti. La relación con ambos no se limitaba al transporte aéreo.

Según el mismo piloto, el binomio presidencial lo nombró como su operador en la Empresa Portuaria Quetzal (EPQ) y estuvo a cargo de negociar el pago de una comisión (soborno) por US$30 millones con la empresa española Terminal de Contenedores de Barcelona (TCB). La coima era la condición para otorgarles el usufructo de un terreno para operar una terminal privada en ese puerto del Pacífico.

La advertencia del agente de la DEA cambió todos los planes de Lozano. Como pudo buscó refugio en Miami, a donde llegó con una visa de turista. Este autoexilio ocurrió hace más de cinco años y aún no concluye. Durante ese periodo se ha dedicado a testificar en contra de varios capos hondureños y guatemaltecos, en tanto tramita un asilo que le permitiría quedarse a vivir en ese país y obtener estatus legal.

 

EL PILOTO DEL NARCO

Lozano empezó a volar helicópteros en 1987. En enero de 2005 fundó Aeroservicios Centroamericanos, S.A. (de nombre comercial Aerocentro o Aeroservicios) con oficinas en Ciudad de Guatemala y San Pedro Sula, Honduras. Además de ofrecer transporte aéreo, contaba con un taller de mantenimiento y prestaba el servicio de hangaraje (alojamiento) y administración de sus aeronaves a decenas de empresarios y adinerados clientes.

“¿Qué lo hizo comenzar a traficar drogas para esa gente?” –le preguntó un fiscal durante la audiencia–. “El dinero” –respondió Lozano aquella mañana de enero–. “Necesitaba dinero y no generaba lo suficiente con los helicópteros” agregó.

En 2004 Lozano empezó a volar para un selecto grupo de narcotraficantes, entre ellos: Los Lorenzana (Waldemar y Elio Lorenzana Cordón, condenados a cadena perpetua por enviar cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos); Los Cachiros de Honduras (los hermanos Javier Eriberto y Devis Leonel Rivera Maradiaga, extraditados a EE. UU. y quienes confesaron que pagaron un soborno de más de US$400 mil al presidente Porfirio Lobo y a su hijo Fabio Lobo a cambio de protección); los hermanos Valle (Luis Alonso y Miguel Arnulfo Valle Valle, condenados a 23 años de prisión en EE. UU. por narcotráfico); y Sergio Neftalí Mejía Duarte, alias el Compa, condenado a cadena perpetua por narcotráfico en mayo pasado.

Inicialmente solo les transportaba dinero en sus helicópteros. Después fue cocaína.

El “negocio” marchaba sin sobresaltos, hasta que a principios de 2007 Lozano recibió una visita imprevista. Un grupo de agentes de la DEA lo contactaron para advertirle que iba a tener un problema con Estados Unidos.

“Me dijeron que estaba quebrantando varias leyes de Estados Unidos y que había grandes posibilidades de ser acusado” recordó. La advertencia fue seguida inmediatamente por una propuesta, le preguntaron si estaba de acuerdo con colaborar con la investigación que estaban realizando en ese momento. “A lo que accedí”, dijo.

Lozano se convirtió en un colaborador de la DEA y les informaba en qué momento hacía un viaje de drogas. En conjunto con los agentes, lograron establecer las rutas de sus clientes. Con los investigadores realizaba reuniones personales o por correo electrónico, les compartía fotos de los cargamentos y grabaciones de sus conversaciones. Lozano obtuvo la aprobación de la DEA para continuar proporcionando sus helicópteros al servicio de los narcotraficantes.

LA REUNIÓN CON “EL COMPA”

“¿Ve en la sala a la persona para quien transportó dinero y drogas de la forma que usted describe?” – preguntó el fiscal a Lozano- “Sí, justo ahí. Es el caballero entre los dos chicos con la playera a rayas blancas y azules”, respondió.

El dedo de Lozano apunto a a Sergio Neftalí Mejía Duarte, a quien conoció a finales de 2007 durante una reunión que organizó un amigo mutuo en una finca cercana a la ciudad de Tela, Honduras.

Durante todo el tiempo que trabajaron juntos Lozano únicamente lo conoció por el sobrenombre de Compa. Hasta hace unos meses, mientras se preparaba para declarar en su contra, se enteró de su nombre real.

Cuando hacían negocios, Lozano siempre se refirió a Mejía como Compa y este siempre le llamo Cappie, por capitán.

Aquella reunión fue corta, apenas 20 minutos, recuerda Lozano. El Compa le dijo que estaba interesado en comprar un helicóptero para su transporte personal. “Él tomó mi número, después me llamó para transporte personal… varios meses después empezó a pedirme que le moviera dinero… Y de repente empezamos a mover drogas”.

Lozano le contó a la DEA de su nueva relación con el Compa y recibió instrucciones de seguir con normalidad, para no levantar sospechas. “Haz lo que te pida que hagas”, fue la orden.

Durante casi tres años Lozano tomó una rutina. Encendía temprano su Bell 407 y lo elevaba, aún cuando la neblina no se había disipado todavía. Enfilaba rumbo a la costa atlántica, hacia el departamento de Gracias a Dios, en La Mosquitía hondureña, en busca de su próxima carga y regresaba con ella para descargarla en una finca cercana a San Esteban o Juticalpa, Olancho, propiedad de el Compa. O bien hasta San Pedro Sula.

La droga era lanzada al mar desde aviones o lanchas rápidas provenientes de Colombia; los pescadores locales salían a recogerla al resguardo de la noche y la llevaban a tierra firme donde la recogía Lozano. Su aeronave Bell 407 tenía capacidad para llevar hasta 450 kilos.

CONTACTO CON LOS CAPOS GRANDES

Una vez entregada por el piloto, la droga se trasladaba en camiones o carros con doble fondo hasta la frontera con Guatemala, o cerca de Puerto Barrios, Izabal, donde la recogían compradores como Los Lorenzana. También era llevada hasta Agua Zarca, Huehuetenango, donde era recibida por Walter el Zope Montejo, quien se encargaba de cruzar la frontera con México.

Este último narcotraficante confirmó el testimonio del piloto, también frente al juez Moore, aseguró que conoció a Lozano desde 2003 o 2004. “Lo conocí a través de Eliú Lorenzana” (quien era su proveedor de cocaína), indicó tajante.

Lozano narró que uno de los principales clientes de el Compa era un mexicano llamado César (Gastelum Serrano, alias Celia o la Señora) quien presumía con orgullo que estaba muy cerca de (Joaquín) el Chapo Guzmán. Gastelum fue capturado en mayo de 2015 en Cancún, México, y extraditado a EE. UU. acusado de ser el principal proveedor de cocaína de Guzmán e Ismael el Mayo Zambada, jefes del Cartel de Sinaloa.

Gastelum arribó a Honduras en mayo de 2008, una semana después de la captura de Jorge Mario el Gordo Paredes, y se hizo cargo de la compra de la droga para el Cartel de Sinaloa.

En una ocasión, recordó Lozano, le tocó transportar a el Zope Montejo desde Huehuetenango a una reunión de emergencia en San Pedro Sula, Honduras. La cita era con César Gastelum y el Compa para tratar una deuda de US$3 millones que se tenían por las transacciones de cocaína.

También allí conoció a Los Cachiros, narcotraficantes muy poderosos del área de Colón. Lozano declaró ante el juez Moore que vio a los hermanos Javier y Devis Leonel Rivera Maradiaga mientras concretaban negocios con el Compa, y él mismo se encargó de transportar la droga entre ellos.

Con los hermanos Valle su trabajo era similar al realizado para el Compa, aunque en este caso, cruzaba la frontera entre Honduras y Guatemala desde unas fincas que Los Valle tenían en la frontera.

Por sus servicios, Lozano cobraba entre US$80 y US$200 por kilo de cocaína transportado, el pago dependía de la distancia y duración del viaje. Por viaje solía transportar 400 kilos por US$100, alrededor de US$40 mil, estimó Lozano. Cuando transportaba dinero la tarifa plana era US$10 mil, agregó.

EL TIPO DE LA HERSTAL FIVE-SEVEN

Lozano se ganó la confianza de el Compa, con quien solía tener amenas conversaciones. Una de ellas giraba en torno a la pistola de fabricación belga que portaba siempre el Compa (la FN Herstal Five-SeveN), la cual tenía un calibre único, capaz de perforar los chalecos blindados.

El Compa llegó a tener tanta confianza con Lozano que le habló de sus negocios con Los Lorenzana, los que debió terminar porque le quedaron debiendo dinero. Incluso le contó de una mansión en Zacapa que fue parte de los pagos que le hizo este clan narcotraficante, pero nunca pudo habitarla.

En 2008 Lozano le vendió a el Compa un yate que estaba aparcado en Río Dulce, Izabal. Ahí el piloto aprovechó para tomarle una foto al narcotraficante, las imágenes terminarían en manos de la DEA.

El Compa siempre estuvo interesado en tener su propio helicóptero, Lozano se lo facilitó. Ambos firmaron un contrato donde el piloto actuaría como agente en la compra de la aeronave. “Encuentre el mejor helicóptero para comprar”, le ordenó.

Tras buscar un tiempo, Lozano encontró un helicóptero en Vermont, EE. UU., propiedad de una empresa llamada Mainsfield Helifight. Lozano pagó alrededor de US$3 millones por él.

El mismo Lozano ayudó a lavar el dinero para comprar la aeronave. Para ello adquirió una compañía offshore en Panamá, llamada Eros Servicios Internacionales, que sirvió para adquirir el helicóptero. Para pagarlo, Lozano tomó un paquete de cheques firmados por el Compa y los metió en sobres que envió con destino a Vermont.

Un piloto que trabajaba para Lozano fue el encargado de pilotear la aeronave desde Vermont hasta Honduras, haciendo escalas en México y Guatemala. Por sus servicios, Lozano se ganó una buena comisión por el corretaje de la aeronave.

LA CAÍDA DE LOZANO

Lozano declaró ante el juez Moore que voló para el Compa de 2007 hasta octubre de 2009.

“¿Puede estimar cuántos kilos de cocaína transportó para él durante ese periodo de tiempo?” –preguntó el fiscal–. “No es un dato cien por ciento exacto… pero probablemente 4 mil”, respondió Lozano.

“¿Cuánto estima que le pago el Compa por todo su trabajo durante esos años?” interrogó el fiscal. “Yo diría que más de US$600 mil”, respondió.

Aunque Lozano declaró que dejó de volar para los narcos en 2009, las fechas no cuadran.

El 10 de octubre de 2010, las fuerzas hondureñas decomisaron el helicóptero Bell 206 con matrícula guatemalteca TG-MEC, propiedad de Aerocentro, en la comunidad de Palacios en el Departamento de Gracias a Dios. La aeronave era piloteada por Jorge Aguilar, empleado de Aerocentro, quien se había desviado de su plan de vuelo original entre dos ciudades de la zona atlántica, y realizó varios vuelos no autorizados sobre la Mosquitía hondureña.

En su defensa, el piloto alegó que la razón del desvío fue para trasladar a los pasajeros Denis Adalid Bautista Benítez, Bartolomé Bautista Milla y Óscar Modesto Elvir Hernández. Estos personajes habían sido capturados meses antes por el delito de asociación ilícita y portación ilegal de armas de fuego. Incluso, Denis Bautista tenía una orden de captura por asesinato. Fuentes policiales hondureñas informaron que estos tres personajes eran parte del equipo de guardaespaldas de un reconocido capo hondureño.

El Ministerio Público de Honduras le realizó un examen de escáner de iones a la aeronave, el cual reveló trazas de cocaína en su interior. El helicóptero fue decomisado y al piloto le incautaron US$6 mil en efectivo que le pagaron por sus servicios.

El helicóptero le fue entregado a la Oficina Administradora de Bienes Incautados (OABI), una dependencia del ente investigador de Honduras, encargada de administrar los activos decomisados. Contradictoriamente, esta firmó un contrato de depósito con Aerocentro para que lo utilizara sin establecer ningún pago a favor del Estado de Honduras.

El 31 de diciembre de 2012 venció dicho contrato y el helicóptero ya no fue devuelto por Aerocentro al Gobierno hondureño, alegando que este se encontraba dañado y que ya no le pertenecía a la compañía. El helicóptero reapareció en Guatemala.

El 7 de diciembre de 2012, Haward Suhr (socio de Aerocentro) y el exdiputado Juan Luis González –ambos pilotos en la empresa de Lozano– fueron capturados en una vivienda de San Pedro Sula, como parte de un gran operativo antidrogas que involucraba una lista de 83 personas.

Sin embargo, un año después (el 18 de diciembre de 2013), Suhr y González fueron absueltos de los cargos de tráfico de drogas y lavado de dinero, y retornaron a Guatemala.

Un mes después, Lozano fue advertido por la DEA que estaba en la mira de los narcos por sospechas de que estaba colaborando. En ese momento su vida dio un giro inesperado que lo obligó a huir inmediatamente de Guatemala.

EL NEGOCIO CON TCB

Lozano relató al juez Michael Moore que estaba volando para el presidente Otto Pérez, y que este lo designó como operador en Puerto Quetzal. Lozano negoció con los ejecutivos de Terminal de Contenedores de Barcelona (TCB) un soborno de US$30 millones a cambio de otorgarles el usufructo de un terreno para operar una terminal portuaria privada.

Lozano acordó la comisión, pero asegura que nunca recibió su parte debido a que tuvo que salir huyendo de improviso. Pérez y Baldetti me dijeron que “iban a guardar (mi parte) y me lo iban a dar”, pero nunca ocurrió agregó.

En 2015, Lozano afirmó que se puso en contacto con la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y se reunió con el comisionado Iván Velásquez en Miami. “Tenía muy buena información para que él la procesara sobre las irregularidades del Presidente y la Vicepresidenta”, declaró. Lozano contó todo lo que sabía sobre ese negocio.

En abril de 2016, el MP y la CICIG acusaron a Lozano junto al ex binomio y otros involucrados de haberse beneficiado de un soborno de US$24 millones a cambio de otorgar el usufructo a TCB. Lozano continuó cooperando y sostuvo al menos dos reuniones más con los investigadores de la CICIG.

 

El helicóptero de Otto Pérez y Roxana Baldetti

Guillermo Lozano fue el piloto de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti durante la campaña electoral 2011, muchos de estos viajes eran pagados por el empresario Rodrigo Lainfiesta Rímola.

Posteriormente su empresa Aerocentro fue contratada por la Presidencia de Guatemala. Lozano y su socio Haward Suhr realizaron más de 50 vuelos para Pérez Molina y Baldetti.

Lozano declaró al juez Moore que voló para el presidente de Guatemala (Otto Pérez Molina) y para el presidente de Honduras (Manuel Zelaya), pero afirmó que nunca transportó drogas para ellos.

Además, Lozano administraba los helicópteros matrícula TG-AMB y TG-ORA, por las iniciales de Otto Pérez, Roxana Baldetti y Alejandro Sinibaldi, pero fue cambiada la matrícula a TG-ESP que pasó a ser propiedad de la vicepresidenta Baldetti.

Según Jair Samayoa, exinterventor de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y actualmente colaborador eficaz en el caso Coperacha, la aeronave estuvo durante mucho tiempo en el hangar de Guillermo Lozano, quien era el piloto particular de Pérez Molina.

Finalmente, este helicóptero fue decomisado por el MP y la CICIG.

 

 

EL PERIÓDICO

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