LA NOTA DE ESPECTÁCULOS

LA NOTA DE ESPECTÁCULOS: Aniversario de un éxito Alejandro Lerner, a 35 años de “Todo a pulmón”: “Mi identidad no pasa por ser o no rockero”

Bien plantado. Alejandro Lerner dice que “el prejuicio es de derecha”: Foto Juano Tesone

-Analicemos, desmenucemos, desnudemos detenidamente “Todo a pulmón”, Alejandro, para empezar, ¿son 35 años del disco o de la canción?

-De la canción y, en segundo término, del disco. Pero yo hago hincapié en la canción que se convirtió en clásico.

-Festejas los 35 años. ¿Festejaste los 30?

-No. Ni los 30, ni los 25 ni los diez. Es la primera vez que celebro Todo a pulmón. Sentí que tenía que ser ahora porque lo hablé con mi manager y porque estamos en un momento del país complicado en que todo pareciera como si tuviera que hacerse, justamente, a pulmón. Apareció la idea y sentí la necesidad.

-“Qué difícil se me hace mantenerme en este viaje…” ¿Qué “viaje”? Valdría la pena aclararle a lo millennials que en los 80 “viaje” era un voz hippona muy usada y que, más acá y en clave de Peter Capusotto, se podría inferir hablabas de “faso”.

-Nada de eso, era el viaje de un joven que estaba reafirmando la identidad a través de la vocación. El viaje también tenía que ver con que yo vengo de una familia intelectual de izquierda y que mi viejo era un místico y un buscador al que le interesaba lo esotérico, el yoga. Mi viejo medía el aura con una máquina. Él, Marcelo Lerner, fue uno de los precursores de la relajación en nuestro país. Te estoy hablando de Marcelo Lerner. Mi madre, Lía Lerner, fue la primera profesora mujer del Nacional Buenos Aires y ella, ya estando en el Buenos Aires, fundó el primer gabinete psicopedagógico de un colegio secundario. Yo venía buscando una identidad sin cumplir ningún mandato familiar. Yo era músico desde los 16 años. Terminé la secundaria  en 1974 y me convertí en músico de rock semi profesional tocando con León Gieco. Mi ilusión, por esos días, pasaba por estar en la revista Pelo. Yo era un obsesivo de la música y tocaba como un animal. Todo el día tocando y componiendo. No era un estudioso, pero me gustaba investigar. El “viaje” es el “viaje” de una vida de músico.

-Perdoname, “Todo a pulmón” y tengo entendido que vos sos asmático…

Lerner tocó con todo el rock argentino. Y compartió escenario con Carlos Santana. Foto: Juano Tesone

Lerner tocó con todo el rock argentino. Y compartió escenario con Carlos Santana. Foto: Juano Tesone

-Sí, por eso Todo a pulmón es un tema que está dedicado a todos los asmáticos del mundo.

-Vos decís: “Si es de ida o es de vuelta, si el furgón es la primera”. Se advierte un estado de confusión…

-Tenía una mirada demasiado adulta. En la vida hay una ambigüedad. No sabía si estaba en la primera o en un furgón. Y esa la sensación que me nace en un tema claramente autobiográfico, cuando la ilusión del éxito, de golpe, se convierte en una realidad. La primera vez que yo le mostré un tema mío a un productor, el tipo se agarró el pecho y dijo: ¡Huelo plata! Yo pretendía que me dijeran que tenía talento, algo que mi familia no expresaba porque yo no andaba mostrando mi material. Es decir, estaba necesitando cariño, aceptación, cuestiones propias del artista.

-“Qué difícil se me hace cargar todo este equipaje”. A menos que estés hablando de una Samsonite, ¿a que te referías con esa mochila tan pesada?

-A que yo me iba de gira acompañando a un músico llamado Raúl Padovani y que mis primeras giras como músico profesional eran con dos ex Los Gatos, Moro y Alfredito Toth. Ellos tomaban ácido y tocábamos en pueblos inverosímiles y parábamos en hoteles de menos cuatro estrellas…

-¿Qué tiene que ver que ellos tomaran ácido?

-Que yo era el que debía ocuparme de cuestiones como conseguir la comida. En Salta, por ejemplo, salía a buscar algo para comer, un matambre con ensalada rusa y lo comíamos con la mano porque ni cubiertos teníamos. Moro y Alfredito, te imaginarás, estaban encantados conmigo. Me decían: “¡Nene, vos sos un genio!”…

-¿Y cuál era tu sustancia para inspirarte?

-Yo he fumado porro desde chiquitito y también me di cuenta cuando había que dejarlo. ¡¿Pero sabés lo que es que Carlos Santana te invite a fumar un porro con él?! ¿Sabés qué linda experiencia? Después dejé para que mi cabeza volviera a la frescura. Yo he sido muy amigo del faso, no lo rechazo para nada. No le tengo ni miedo ni desprecio a la droga (… ) Todo es adictivo: el azúcar, el alcohol, todo. Creo que hay que poner énfasis en la educación y no en la prohibición. La educación es la única salida para el desarrollo de cualquier sociedad. No veo ninguna otra salida.

-¿Escribiste fumado “Todo a pulmón”?

-No, ninguna de mis canciones es producto de fumar. Todo a pulmón es un documento profundo, honesto. Es una inocente confesión. No fumo hace décadas. Yo siempre fui una persona que tuvo instinto de preservación y supo ponerse límites. Esa es la educación. Las drogas no fueron un límite que me interesara romper. No me parece inteligente. Estaba en un ambiente donde todos fumaban y yo también podía hacerlo, pero no me parecía necesario para mi libertad. Y ahora, que soy adulto, mucho menos todavía. La libertad no podés sentirla con un fumo. Si no tenés capacidad de sentir la amplitud de conciencia con una llave que está en vos mismo, esas puertas no las vas a abrir nunca… Una cosa es experimentar y otra, muy distinta, es la soledad. No me parece que la creatividad tenga que ver con estar hecho mierda. Creo fundamentalmente en la apertura del corazón.

-¿Pero el corazón no es un órgano ubicado en el pecho?

-El corazón a nivel de la percepción, digo, pero sí, puede ser. No sé dónde está radicado el espíritu. Quizá sea en el cerebro…

-¿Cuándo arranca tu espiritualidad?

-Desde siempre. Siempre creí en ángeles, en magia, en universos, en energía. A ver: mi identidad no pasa por ser o no ser rockero.

-Vos sos una especie de Sandro de los ’80. Empezaste tocando en el BARock y después te fuiste a la canción romántica, a la balada, te acercaste a Armando Manzanero…

-Lo más rockero que hay en el mundo es poder tocar con Santana, Mercedes Sosa y Armando Manzanero.

-¿Y los prejuicios?

-Los prejuicios y la ignorancia son casi lo mismo. Si en algún momento tuve algún prejuicio, lo dejé pasar. Para mí el rock debe ser transgresión, inclusión y libertad. Cuando el rock se mete en un gueto es más de derecha que de izquierda y deja de interesarme.

-¿El rock es de derecha?

-El prejuicio es de derecha.

-Volviendo a “Todo a pulmón”: “Esta realidad tirana que se ríe a carcajadas”. ¿Ahí estás dando cuenta de cierto compromiso político?

-No creo en la política. La realidad tirana es que yo había perdido a mi padre y a los pocos años me estaba yendo de puta madre, y cuando mi papá me veía como músico, yo tocaba en cabarets, en hoteles y formaba bandas que no me daban un mango. Después me volví una marca y ya no estaba dispuesto a que me explotaran. Desde que sale Por un minuto de amor, que vende 180 mil placas y es mi primer disco, empezó a pasar todo tan rápido que de golpe lleno dos Obras. Después me llaman empresas que quieren canciones mías para propagandas y así era un vértigo que no me permitía ver el paisaje.

-También hiciste canciones para telenovelas…

-Gracias a Dios hay que laburar. A mí me gusta escribir para novelas, para películas.

Lerner, en la entrega de los Martin Fierro 2018. Ganó por su canción "Los sueños del ayer", del programa "Cuéntame cómo pasó".

Lerner, en la entrega de los Martin Fierro 2018. Ganó por su canción “Los sueños del ayer”, del programa “Cuéntame cómo pasó”.

-¿Un poco en la línea de Gustavo Santaolalla?

-Los profesionales hacemos esas cosas. Y las hacemos a tiempo y buscando satisfacer el proyecto.

-Pero vos sos un songwiter…

-Absolutamente songwriter, sí. Eso lo aprendí con Armando Manzanero. Mis maestros son Paul Williams, Lennon y Mc McCartney. Yo no soy fanático de los políticos, soy fanático de Los Beatles. Tengo 61 años, no hay tiempo material para que sea fanático de Macri. Todos los políticos se han sacado fotos conmigo, pero para mí los gobiernos son meras administraciones. Se van unos y vienen otros para seguir haciendo lo mismo.

-“Cada nota, cada idea, cada paso en mi carrera”. Un trabajo de hormiga…

-Desde 1974 no hago otra cosas que tocar, producir, crear mi estudio de grabación, vivir en Estados Unidos… Tengo canciones con Carol King, hago giras a dos pianos con Manzanero… Cuando lo conocí a Manzanero me di cuenta de que había otras carreras posibles. Que estaba bien la revista Pelo, pero existían otros universos fuera del rock. Eso me permitió crecer en todo sentido y el hecho de que artistas de Hispanoamérica aceptaran mis canciones…

-Vos le hiciste a Luis Miguel “Dame”, ese tema que dice “Dame alguna prueba de amor…”

-Sisí.

-¿Apareciste en su serie?

-No creo, no he sido tan importante para su carrera. Esa canción tuvo un gran éxito y fue una de las más escuchadas en las radios latinas de los Estados Unidos y de toda habla hispana…

-¿Cuánto te pagó por esa canción?

-Uhhh, eran épocas en que se vendían muchísimos discos. Un montón de guita.

-¿Cuánto?

-Uffff.

-¿Puede ser que hablemos de un millón de dólares?

-Sí. Y la plata de esa canción está puesta toda acá, en mi estudio de grabación.

-Maravilloso…

-El me invitó a su casa porque le gustaban mis canciones. No sabía que yo le iba a traer una canción como Dame. Yo ya la tenía compuesta y supuse que a él le podía gustar.

Después decís: “Qué difícil se me hace mantenerme con coraje”. ¿Siempre tuviste una actitud valiente?

-Siempre fui un tipo con muchos huevos. Es necesario para  ser distinto.

-¿Qué precio tuvo eso?

-A lo largo de mi vida, ninguno. Charly viene acá, tocamos juntos, nos pegamos flor de abrazo. Pappo era mi amigo. Juanse es mi amigo… Es sólo que mi cerebro geminiano me lleva a buscar opciones desde chico. Paul McCartney, por ejemplo, ¿qué es Paul McCartney? ¿Paul es rockero, Paul es baladista?

-Es un músico clásico.

-¿Y yo que soy?

-¿Vos vas a ser un músico clásico?

-Exacto. Un músico clásico popular.

Ese abuelo que no fue, pero recomendó a otro

-¿Vos pudiste haber sido integrante de Los Abuelos de la Nada?

-Sí, pero terminé recomendando a Calamaro. Yo me inicio en 1974 con Gieco y después de tener bandas como Anaconda o Tonelada Plástica empiezo a dedicarme más a la fusión y al jazz rock. Componía canciones para mí. Yo quería ser Chick Corea, Rick Wakeman. Teníamos una banda que se llamaba Sólo Pororo, pero nos cagábamos de hambre haciendo fusión. Lo de Los Abuelos sale en el ’81, creo, cuando vuelve Miguel a la Argentina. Yo era una especie de pianista conocido en el ambiente. Había tocado con León, con Porchetto, con Santaolalla, había grabado en un disco de Pappo Blues, había tocado con Rinaldo Rafanelli (Sui Generis), con Moro, con Alfredo Toth, con Piero… Todo el mundo me llamaba y yo, iba. Así me llama Miguel y le digo: “Mirá Miguel, es un honor, pero ya tomé la decisión de no ser tecladista de ninguna banda para formar mi propio grupo, La Magia. Estábamos por salir, aunque todavía no teníamos disco. Ahí le cuento que tenía un amiguito llamado Andrés Calamaro, súper talentoso. Por esos días, Andrés no tenía teclados y yo le prestaba el mío, que ahora está en mi estudio como una pieza de museo. Ese piano lo sigo conservando junto a otros pianos que quiero muchísimo.

-¿A quién le admirás algunos versos?

-A Charly. Yo no quiero volverme tan loco… Charly es el mayor exponente la música popular argentina.

Dónde y cuándo

Todo a Pulmón 35º Aniversario. Alejandro Lerner se presenta el 11 a las 21 en el Gran Rex de Argentina y por entradas agotadas volverá a tocar el 9 de noviembre en el Teatro Opera de Buenos Aires.

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